Gabriel Cebrián
Juan Pablo Vitali
Eduardo Zapiola
Cecilia Fallesen
Patricia Vieyra

Juan Pablo Vitali
 
 
 Autores
Juan Pablo Vitali

El Agua

Lánguidas glicinas
generan subterráneos vegetales
la lluvia de Buenos Aires
las alimenta
mientras la provincia se hunde
bajo el agua
como una nueva Atlantis.

Desde las galerías
los hombres realizan
Pitagóricos cálculos
mirando el cielo
que al carecer de estrellas
complica toda posible astrología.

Millones de agujas de agua
configuran un universo
plateado, y por momentos, macizo.

Una y otra vez
pienso en ellos:
los que vinieron en barco
¡que paradoja!
Finalmente el líquido cruel
los alcanza
después de haber atravesado
las masas del océano
los cangrejales del río
los senderos de la mesopotamia
las nieves del sur
como el Perito Moreno;
vuelven a ser agua
y sus hijos
y los hijos de sus hijos.
Extrañaré Buenos Aires
y las estancias
que no conozco
y las casas inglesas de madera
que me recuerdan la Providence
de Lovecraft,
que por supuesto
tampoco conozco.

Cuando los sonares de las naves
del futuro
busquen en las profundidades de la pampa
no encontrarán ciertamente
las ánforas del mar negro
ni los hermosos navíos
del Egeo.
Nada datará del neolítico
ni siquiera hallarán una espada
de la edad media.
Más aún
puede ser que no se encuentre
cosa alguna.
Sin embargo nos consta
que estuvimos allí
en un haz.
Que tuvimos un pretor
y un liderazgo
de tribuno.
Y que volvimos a Europa
a ofrecerle una grandeza
que no quiso.
Un cáncer de agua
disipó a la mensajera
y luego a la Patria
que la sigue.
Los jardines oscuros
de las casonas
también esperan
ese destino.
Silente mar
sin navíos
millones de planes
urdidos al final
de interminables rutas vacías,
eso es lo que pueden encontrar
junto a los huesos
de los que perdieron el mando,
recuerden el primero
que se llamó Henandarias
él también él tuvo que huir
ante el avance de las aguas.

Recuerden los paraguas
del veintinco de mayo
recuerden todo
en el día de hoy
antes de partir
nuevamente
a conquistar la nada...
la ciudad de los Césares
el desierto, los ríos
el espacio
intenten mantenerse a flote
hasta que los huesos se ablanden
y los devoren
las criaturas primordiales
que se alimentan
de las almas tiernas
de los cobardes.
Ahora sabemos
de la razón de Tales de Mileto.
Ahora sabemos
cual es el elemento
elegido por Dios
para castigar nuestra desidia.

© Juan Pablo Vitali

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